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Exposiciones Colectivas, Intercambios

La Familia

del 17 de julio al 28 de agosto de 2008

Galleria Nunes y Galeria Art and Design
Pohjoinen Rautatiekatu 17 A, 00100 Helsinki
del 17 de julio a 29 de julio

Galleria MAA-TILA
Albertinkatu 19, 00120 Helsinki
del 24 de julio al 5 de agosto

Coordina / Coordinators: La Sala Naranja y Egle Oddo

Artistas Nórdicos y Españoles en la Sala Naranja

Nordic and Spanish artist in la Sala Naranja

del 27 de abril al 12 de mayo de 2007 / Opening friday 27th of april. 8.30 pm.

Coordina / Coordinators: La Sala Naranja · Virva Sointu y Egle Oddo

Artistas participantes

Sonia Díez · Anaelena Pena · Eugenio Vizuete · Alex Francés · Carlos Cid · Enriqueta Rocher · Nacho Ruiz · Sergio Zavattieri · Ana Izquierdo · Amanda Escudero · José Luis Abad · Carlos Llavata · Fernando Mafé · Antuan el8 · Jordi Plà · Jesús Geira y Vte Llorca · Francisco Hurtado · David Poliakoff · Pilar Mandl · Rafa Cebrian · Zev Robinson · Ima Picó · Ho Wai Fong · Rocío Asensi · Pepe Miralles

Foto de Nacho Ruiz

La familia es una propuesta expositiva que agrupa a 49 artistas de diversas disciplinas: video, instalación, pintura y fotografía. El objetivo es configurar un punto de encuentro de artistas nórdicos y españoles, donde tenga cabida cualquier reflexión artística dentro de la ambigüedad que en realidad encierra el título. No pretende, en absoluto, crear o marcar ningún discurso concreto. Como es costumbre, en las exposiciones en la que colabora la Sala Naranja son los artistas los que libremente proponen sus ideas.

Este planteamiento ambiguo, varias veces ensayado en la Sala Naranja con otras temáticas, huye del concepto posmoderno del comisario creador. Cualquier discurso impuesto, directriz o selección supondría coartar la libertad del artista. Sería ilusorio unificar criterios donde la realidad nos demuestra que los únicos que pueden regir son la diversidad de conceptos y la libertad del individuo. Una exposición de estas características, obviamente, debía albergar discursos múltiples y variados que inviten a la reflexión en contra de cualquier tipo de exclusión o criterios uniformadores que desde ideologías políticas, religiones o poderes fácticos se traten de imponer invocando posturas basadas en cuestiones seudo-morales o falsamente en la tradición.

El término de familia en la sociedad contemporánea ha ido variando notablemente. Actualmente, no se limita a la pareja hombre mujer con descendencia, sino que aúna a familias monoparentales , familias en segundas nupcias, familias sin hijos, matrimonios del mismo sexo, así como, otras uniones similares ajenas a la institucionalización del contrato del matrimonio.

A su vez, el tema se enmarca dentro del papel o roles que juegan los individuos en estas uniones. Por ello, no deja de entremezclarse con las legítimas reivindicaciones de décadas pasadas –feminismo, reivindicaciones de gays y lesbianas- donde los artistas rescatan o valoran los logros y las exigencias de estos colectivos, la ambigüedad, la desmitificación de los roles, así como los nuevos papeles adoptados por hombres y mujeres y las nuevas formas de la socialización del individuo.

En la actualidad, nos sorprende y nos resulta totalmente ajeno, que una unión matrimonial, como la convencional, hombre mujer, no se fundamentase en el amor, tal y como hoy lo entendemos. El matrimonio por “amor” fue un concepto asimilado en occidente, única y paulatinamente, a partir del siglo XIX a través del movimiento romántico, pudiendo encontrar multitud de textos reivindicativos en los años 70 del siglo XX donde aún se denomina este concepto con el término de “nuevo matrimonio”. El concepto de matrimonio occidental –pasara o no por el sacramento del matrimonio- venía impuesto o acordado por los padres, sometiendo la unión a intereses económicos y de estatus que nada tenían que ver con los sentimientos de los cónyuges. Del mismo modo, se daba por hecho el papel hegemónico del hombre sobre la mujer, en una sociedad totalmente patriarcal. No podemos olvidar, en este aspecto, el gran peso que el cristianismo en occidente, y en concreto del catolicismo en España, que han ayudado a mantener en una posición claramente de subordinación a la mujer a lo largo de la historia.

Al mismo tiempo, una de las funciones básicas que la familia ha poseído y que todavía conserva, es la socialización de la descendencia, una tarea que en estos momentos se comparte con las instituciones. Podemos considerar ésta, una función fundamental, dado que sirve para la transmisión de valores, ideas, incluso, de los roles que debemos desempeñar, por lo que se dota a esta estructura de una gran relevancia a la hora de mantener los estereotipos. De ahí, la mayor parte de enconadas discusiones a la hora de legitimar o no las nuevas concepciones que priman la libertad del individuo por encima de intereses dogmáticos.

No es de extrañar, por tanto, que la plasmación artística desde los años 70 hasta la actualidad, se haga eco de las críticas hacia la familia tradicional, tanto, directa como indirectamente. Los cuestionamientos sobre e l papel de la feminidad, de la masculinidad hegemónica, y las cuestiones de género en la sociedad contemporánea, han dato muchos frutos en el campo artístico como en el teórico, menoscabando los pilares básicos de la estructura familiar predominante.

En estos momentos, no se puede asegurar que existan en sentido biológico rasgos, actitudes o aspectos propios e intrínsecos de un sexo, sino modelos sociales de comportamiento, seleccionados y prefijados culturalmente. Los valores de género son un producto del entorno social, un factor decisivo que transmitimos a las generaciones posteriores por lo que pueden interpretarse como el mismo factor causante de las diferencias sociales existentes. Por ello, las definiciones, o el mismo hecho de hablar de identidades de género, han quedado, o deberían quedar, obsoletas. Más que hablar de masculinidad o feminidad, habría que empezar a hablar simplemente de identidades, de individuos, cada uno, con sus características múltiples y específicas, puesto que no hay un solo tipo de masculinidad, ni de feminidad.

Los términos masculino y femenino, en lugar de expresar un sencillo elemento biológico, connotan significados o van ligados a valores y a unos patrones culturales e históricos muy determinados, que deberíamos considerar trasnochados. Lo femenino sigue asociándose con adjetivos tales como la sumisión, la pasividad, la fragilidad, lo negativo, por el contrario, lo masculino con el dominio, la fuerza, la potencia, el poder, la acción, lo positivo. Esta apropiación de términos resulta tan sutil y tan profundamente arraigada en buena parte de la sociedad que incluso en muchas ocasiones se aplican para hablar de un mismo individuo o, en algunos casos, se hace perfectamente aplicable a las relaciones de pareja de homosexuales y lesbianas.

Si la definición del género es institucional y cultural, más bien deberíamos hablar de las identidades personales como el resultado de un largo proceso, siempre en construcción, en las que se va tejiendo, organizando la identidad individual a partir de una serie de necesidades y predisposiciones que se configuran en interacción con el medio familiar y social. Es decir, la identidad nunca viene dada, se tiene que ir consiguiendo, afianzando y definiendo por medio de un proceso complejo y contradictorio.

Tampoco hay que perder nunca de vista la fagotización que ejerce el poder sobre los diferentes discursos. El tardo-capitalismo advirtió, muy pronto, la rentabilidad política de los discursos artísticos de género, legitimando y favoreciendo discursos, en apariencia, feministas o en defensa de las diferentes sexualidades, que utilizando un lenguaje políticamente correcto servían y sirven de estrategia para perpetuar y reactivar las diferencias de sexos, y por ende, la perduración de los valores deterministas y de las estructuras sociales que supuestamente critican.

Por todo ello, este proyecto es un intento de reflexionar sobre la representación de aquellos conceptos que sustentan la familia en una época en que los valores sociales y culturalmente asociados al hombre y a la mujer están siendo criticados y cuestionados desde diferentes puntos de vista. Son momentos de argumentar a favor de la ambigüedad y en contra de las ideas fijas. El universo artístico, como reflejo de la sociedad actual, no deja de suministrar imágenes complejas, conceptos más abiertos y contradictorios, actitudes porosas hacia otras realidades y de asumir discursos que hasta hace muy poco tiempo se despreciaban y rechazaban.

Txt_José Mir

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