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inicio

La Sala Naranja aparece en el panorama valenciano a finales de 1999 cuando se acondiciona un bajo en la calle Juan de Gary de Valencia y se realizan los trámites legales para su uso. Se organiza la primera exposición con Kaiser, Massia & Spous y Nacho Gutiérrez y la individual del fotógrafo valenciano Kaiko, concrétamente el 10 de diciembre de 1999 y el proyecto empieza a rodar. El primer grupo de personas que la pone en marcha son: Toni Calderón · Comisario, Crítico e Historiador del Arte / Gregorio Pérez · Comisario y Filólogo en lengua inglesa / Juan Carlos Navarro · Arquitecto / Rita Lavilla · Comisaria, Artista e Historiadora del Arte, Javier Canales · Arquitecto / Mónica Alvarez · Comunicación / Esther Tornero · Diseñadora Gráfica y Javier Oliete · Maestro. A los pocos meses de funcionamiento se incorporan Encarna Borrell · Comisaria de Exposiciones y José Mir · Comisario, Crítico e Historiador del Arte. En 2002 es el performer Victor Bonet quien pasa a ser miembro de la Sala Naranja. Entre 2003 y 2004 se incorporan Nacho Ruíz · Artista y Comisario de exposiciones / Carlos Llavata · Performer / Ima Picó · Artista y comisaria de exposiciones e Ivo Rovira · Fotógrafo. Es en este año cuando dejan la Sala Rita Lavilla, Encarna Borrel, Javier Oliete, Javier Canales, Esther Tornero y Gregorio Pérez. En 2006 se incorporan Jorge López · Artista y Comisario de exposiciones / Francisco Hurtado · Fotógrafo / Enriqueta Rocher · Artista visual / Sergio Zavattieri · Fotógrafo y Alex Benavent · Diseñador Gráfico. Especial mención a la artista italiana afincada en Helsinki, Egle Oddo, a la comisaria de exposiciones rusa Daria Pyrkina y a la artista argentina afincada en Valencia Cristina Ghetti con las que se configuraron multitud de proyectos de intercambio y que se pueden considerar miembros activos de la Sala Naranja en su última etapa. A finales de 2008 y en un momento de máxima difusión del proyecto, la Sala Naranja cierra al no disponer del local. No obstante, 9 años creando es tiempo más que suficiente para completar una idea. En este periodo han pasado ciento de artistas de multitud de países y hubo una amplia colaboración con centros artísticos y siempre sin recurrir a la ayuda institucional. La única relación fue la que se consolidó con la Facultad de Bellas Artes de Valencia que además de participar en multitud de proyectos originaron los suyos propios en el local de la Sala Naranja.

Texto de presentación de la Sala Naranja

Un espacio como lugar para la difusión del arte contemporáneo no se constituye exclusivamente en función del continente. Únicamente se puede definir como lugar destinado a la difusión de experiencias artísticas contemporáneas si las prácticas que alberga así son consideradas. Una consideración esencial sobre la que se ha construido un proyecto, la Sala Naranja, del que forman parte numerosos críticos de arte y artistas. Un colectivo que se caracteriza por la diversidad de iniciativas que acoge y sobre todo, por la flexibilidad con que afronta las más variadas propuestas. Un amplio conjunto de iniciativas que van más allá del espacio concreto de la sala y que se materializan en un gran número de eventos no circunscritos a un marco arquitectónico concreto. Hasta el momento se han realizado diversas propuestas de arte en la naturaleza, de arte público o más recientemente la intervención en un club de alterne y en todas se ha pretendido la interacción de las más variadas disciplinas artísticas y la posibilidad de otorgar al artista un papel activo y relevante en la configuración de la propuesta. Con esta actitud se intenta, en lo posible, que estas experiencias no se conviertan en una imposición jerárquica a través de la figura omnipotente del comisario, sino en una actividad colaboracionista. Sin embargo, el objetivo prioritario de la Sala Naranja es la necesidad de interrelacionarse con artistas y centros de arte foráneos, para evitar, en lo posible, un excesivo defecto de localismo. Sin duda uno de los principales problemas que aqueja al arte contemporáneo en nuestro país desde hace ya demasiado tiempo. Esta consideración ha hecho que la programación se oriente, progresivamente, hacia un incremento del número de intercambios con centros de otros países. Otro de los rasgos de la Sala Naranja es la siempre complicada gestión de eventos artísticos contemporáneo al margen de las instituciones públicas y, por tanto, el prescindir, conscientemente, de cualquier subvención o apoyo explicito que, en definitiva y así lo entendemos, se convierte a corto o medio plazo en un lastre y una pérdida de libertad a la hora de afrontar nuevos retos en un sistema, en ocasiones, demasiado intervencionista. Este posicionamiento, que elude el enfrentamiento, intenta dibujar un camino paralelo por el que transitar. Creemos que la mayoría de las citadas instituciones no apuestan por mostrar el arte actual, sino propuestas ya digeridas y consumadas, ademas de ejercer una posición dominante en un entramado excesivamente ordenado, inflexible y un tanto anacrónico. Una situación, quizás endogámica, que ofrece una pobre y escasa visión de nuestras prácticas artísticas en el exterior además de perseverar en los mismos convencionalismos y criterios homogéneos de siempre. Esta situación conlleva que muchos artistas no dispongan de las mínimas posibilidades para poder desarrollar su trabajo debido, en gran medida, a la carencia de espacios desde el que proyectar su obra. Este es el motivo por el que creemos en la necesidad de organizar nuevas plataformas y canales de distribución por el que transiten, con más fluidez, las nuevas propuestas artísticas, al margen de políticas interesadas que nada tienen que ver con el arte. La Sala Naranja, que en un principio tenía una marcada impronta utópica, se ha ido adecuando a una realidad compleja sin renunciar a la democratización real del arte, tanto en su etapa creativa como divulgativa. Este posicionamiento ha convertido al colectivo en un referente local e incluso nacional. Desde su inicio se gestó con idea de alternativa pero con el tiempo se ha convertido en una posibilidad, una nueva vía, al constatar que tan sólo surgen alternativas cuando hay propuestas que se quieren contrarrestar y muy pronto nos dimos cuenta de que no era el caso debido, fundamentalmente, a la ausencia de las mismas.


A space as a place for the promotion of contemporary art is not constituted exclusively by its contents.. It can be defined as a place dedicated to the promotion of contemporary artistic experiences only if the events that it hosts are thus considered. An essential consideration on which a project, La Sala Naranja, has been constructed in which numerous art critics and artists participate. A collective that is characterized by the diversity of the initiatives that it welcomes but most of all for the flexibility with which it deals with the most varied proposals. A vast range of initiatives that go far beyond the physical space of the gallery and that materialize in a great number of events that are not limited by any architectonic framework. Up till now several proposals of art in nature have been realized, of public art, or more recently in an alternative club and often with foreign artists and art centers to avoid an excess of localism. Without doubt one of the main problems that has afflicted contemporary art in our country for too long. This consideration is the basis of our programmation that is, progressively, directed towards an increase in the number of exchanges with centers in other countries. Another characteristic of the Sala Naranja is the always complicated management of contemporary artistic events outside of public institutions, and, therefore, the conscious refusal of any subsidy or explicit support, which, per definition and as we understand it, convert themselves sooner or later into a burden and a loss of freedom to effectively deal with new developments in a system that is, occasionally, excessively interventionialistic. This standpoint, which stops short of confrontation, wants to design a parallel path to follow. We believe the majority of the above mentioned institutions not suited for the exposition of the art of today, only for proposals that have already been consumed and digested, mostly to exercise a dominating position in a highly organized, inflexible and somewhat anachronistic, maybe even endogamic, environment that offers a poor and limited vision of our artistic practices, furthermore continuing in the same conventionalisms and homogenous criterions as ever. This situation brings with it that a lot of artists don’t have the least possibility to expose their work, due, mostly, to the lack of space where they can propose their work. This is the reason we think it is necessary to organize new platforms and distribution channels so that the new artistic proposals can circulate, in fluent movement, outside of political interests that have nothing to do with art. Therefore, La Sala Naranja which in the beginning had a marked utopistic imprint, is adapting itself to a complete reality without renouncing the real democratization of art, both in its creative and its propagative stages. This position has converted the collective into a local and national reference point. From its beginning it has been managed in this alternative way of thinking, but in time it has changed into a possibility, a new way, coming to realize that alternatives rise only when there are proposals that pretend contradiction, and we soon realized that it was not the case, fundamentally, in absence of the same.

Dónde estaba La Sala Naranja

C/ Juan de Garay 48 · Valencia · 46007 · España

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